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martes, 15 de marzo de 2011

CALÍGULA


 Aquí tenemos a Cayo Julio César Augusto Germánico, Calígula (pequeña sandalia) para los amigos. A ver, ¿en que punto los romanos creyeron que un tío al que llamaban “pequeña sandalia” podía ser buen emperador? ¡¡Hombre, por favor!! Era la crónica de un desastre anunciado.
Nuestra pequeña sandalia fue nombrado emperador en el 31  d. de C.  a los 25 años y tras la muerte de su abuelo Tiberio (otro emperador la mar de salado y campechano que se divertía tirando a la gente de los acantilados para luego rematarla a remazos, invitando a amigotes a una hartá de vino para  hacerles después una pequeña ligadura en el pene y divertirse viendo como les explotaba la vejiga o haciendo orgías con menores). Tras el reinado del terror ejercido por Tiberio, Calígula parecía ser un soplo de aire fresco. Y lo fue, sólo los primeros 6 meses, pero lo fue. Que estaba el hombre que se creía Carlos Lozano repartiendo millones:
-A ver: amnistía para los exiliados, alimentos y regalos gratis para cada ciudadano de Roma, más representaciones teatrales y combates entre gladiadores y, además, 300 denarios para quien envíe un sms con la palabra calígulamola al 7777.
Que estaban todos mazo contentos con su nuevo emperador, que le juraron fidelidad todas la provincias de Roma.
Pero a los seis meses de estas muestras de altruismo Pequeña Sandalia contrajo una grave enfermedad que le hizo darse cuenta que eso de ser altruista era una puta mierda. Que si ese era el pago que iba a recibir por sus bondades mejor hacía lo que le salía de nabo que la vida son dos días y ¡¡él era emperador!!
- Muy bien, en vista de que ser bueno, a parte de no llevar a ningún lado, es la mar de aburrido, aquí vamos a hacer unos cuantos cambios. ¡¡En vez de daros dinero creo que os voy a subir los impuestos, vagos de mierda!! ¡Ah! Y no me gusta nada eso de divinizar al emperador después de muerto, ¡a mi me divinizáis en vida! Quiero que cada vez que aparezca os pongáis todos de rodillas, y me hacéis unas cuantas estatuas de oro, que yo soy mu mono y el amarillo me sienta de perlas. Y a ver….que más se me ocurre…me hacéis también un templito pa que me adore la plebe y en el templo del Dios Júpiter me ponéis una salita con sofás que hace tiempo que no hablo yo a gusto con el colega. Y… bueno, ya que estamos, a mis hermanas me las divinizáis también, ¿vale? Y, el golpe de efecto, me voy a casar con mi hermana Drusila que me la he estado follando desde niño, bueno, en realidad me he estado follando a todas mis hermanas, pero esta me gusta más. Aiii, eso no os lo esperabais ¿eh?
Y como la plebe se enfadó por estas cositas, que eran todos unos intransigentes, pos Cali para tenerlos contentos ya se propuso ponerse a conquistar un poquito y eso. A los germanos y a los britanos mismo, que eran los que le quedaban más a mano.
Pero entonces los alemanes no eran como ahora, ¡que ya me gustaría a mí que Calígula se las viera con Ángela Merkel enfadada! Y los ingleses tres cuartos de lo mismo, ¡¡que no hizo falta ni luchar!! Que el jefe de los britanos nada mas verlos llegar ya se rindió:
-Uhhh, ¡¡que buenos mozos!! ¡¡¡ Y cuantos!!! ¡¡ Me rindo!! ¡¡¡ Tiro la toalla, palito con bandera blanca!!! Coge lo que quieras de botín.
Y Calígula, que lo que quería era mantener a las tropas ocupadas para que dejaran de conspirar contra él, que es que ni el secreto mantenían ya:
- Pos ahora para justificar vuestro sueldo, ya que no habéis luchado ni nada, de botín me vais a coger todas las conchas y caracolas que encontréis en las playas, ¡ale!
Y así los mantenía un poquito entretenido entre conspiración y conspiración, que tenía que matar a 3 o a 4 a la semana por intento de asesinato al emperador, ¡que ya no guardaban las formas ni la discreción ni nada!
Y mientras él se consolaba con el mejor amigo que tenía: su caballito Incitatus, al que mando hacer un establo de mármol y un pesebre de marfil y cuando todo empezó a ser una locura de conspiraciones (que los romanos eran un no parar de conspirar, los jodíos) pues se le fue la olla y lo nombro cónsul y todo. Que pa un amigo que le quedaba…
- ¡¡Pos sí!! lo nombro cónsul, lo visto de Dior y al guap@ que se atreva a molestarlo mientras el pobre duerme la siesta le mando a la guardia pretoriana con el bastón …
Ante lo surrealista de la situación los romanos decidieron que sutilezas las justas, que lo de que parezca un accidente y lo de los envenenamientos está muy bien y tiene mucho glamour pero, dadas las circunstancias, un par de puñaladas por la espalda y a la cuneta. Y así fue, 30 heridas de espada en el pasillo del palacio pusieron fin en el año 41 al reinado de Cayo Julio César Augusto Germánico “Calígula”. Al que sucedería su tío “Yo, Claudio”, pero esa ya…es otra historia.