A ver, que salga ya la verdad a la luz: Cleopatra no era era guapa, no os dejéis engañar por las pelis de romanos, ¡todo mentira, todo mentira! Era del montocillo, pero tenía charm, glamour y se sabía sacar partido: que si unas cremitas por aquí, unos polvitos por allá (sí, sí, polvitos de esos también). Además fue el primer ejemplo de chica cosmopólitan: una muchacha de origen griego, reina de Egipto que traía a todos los romanos de cabeza.
A pesar de ser de la realeza y tal su vida no fue tan sencilla, que con 17 años la obligaron a casarse con su hermano pequeño, de 10, para poder ser faraona de Egipto. Ahora, los que tengáis hermanos, imaginaos lo chungo que es eso, que con las que se arman para elegir el canal de la tele ¡¡imaginaos la que se puede liar por el control del mando de un país!! Así que se pasaban el tiempo echándose pullitas:
-“Cleo, me voy a chivar a los Griegos que andas mucho con Pompeyo”
-“Ay, enano, haz lo que quieras, que me tienes frita”
Y Ptolomeo se chivó y expulsaron a Cleopatra a Siria. Ahí ella se pilló un rebote tremendo:
-“¡Lo mato! ¡Lo mato! Esta vez se ha pasado un huevo, ¡que expulsarme de Egipto no es lo mismo que ocupar el baño por la mañana! Me voy a echar un novio buenorro, con ejércitos y todo y la venganza va a ser tremenda”
Casualidad que al poco se enteró de que Julio Cesar estaba en Alejandría, se coló en su hotel cual grupie de toreros y se lo llevó al huerto y como además tenía don de gentes y una voz muy seductora el general se quedó prendado de la faraonita. Su hermano reaccionó como cualquier hermano en cualquier época de la historia cuando la hermana adolescente se echa un novio nuevo: incordiando.
-¿Que está en Alejandría con un rollete? pues vamos a cercarles el palacio, que no puedan salir a ver que pasa.
No contaba Ptolomeo con el su cuñado no entendía esos chascarrillos familiares y montó en cólera, pidió refuerzos a Roma y ¡ardió Troya!! Digo, ¡ardió Alejandría! literalmente además, que si batalla por aquí, quema de naves por allá, vamos que la cosa se puso fea, Ptolomeo puso pies en polvorosa y con las prisas se cayó al Nilo y nunca más se supo. Cleopatra recuperó el mando y para agradecérselo llevó al general Romano de crucero por el Nilo y de visita a su país:
- Pues si, Julio, como te contaba, soy la que gobierna todo esto, es todo mío, soy lo que se viene diciendo un partidazo.
Y él:
- La verdad es que hombre que te lleve… ¡menuda suerte! Yo porque estoy casado, que si nó...
-¡Ups! Ese pequeño detallito, bueno… no soy muy celosa, tu llévame a Roma y ponme un pisito que ya veremos cómo arreglamos.
Y durante los siguientes años se pegó la gran vida, ¡ríete tú de Mujeres Ricas!: Desfiles por Roma, recepciones, una estatua de oro a su imagen y semejanza, por no hablar de la mejora de su fondo de armario. Lo que pasa es que los romanos eran muy suyos y no veían bien que el César estuviera con una extranjera: "Esta fijo que viene por la fama y el dinero y lo de quedarse embarazada fue claramente para pescar al Julio, que con la legítima no tiene descendencia, y conseguir la nacionalidad”
Julio Cesar hacía oídos sordos así que tomaron una solución radical, que en la antigüedad no se andaban con chiquitas: lo mataron.
Cleopatra se quedó afectada pero tonta no era, así que dijo: “bueno, yo me voy a ir yendo, que tengo Egipto medio desatendido y me ha entrado así de repente una nostalgia… Y a ver si uno de estos atractivos soldados me acompañan, que los Italianos de siempre habéis sido muy caballerosos y dejar así a una chica sola no está bien. Marco Antonio, por ejemplo”
En el viaje se gustaron y después cuando Cleopatra estaba sola en su palacete egipcio se puso a pensar en él y en que no le importaría volver a Roma, que le había gustado el sitio y luego ya él le mandó un sms y quedaron en Tarso. Cleopatra se puso divina para la ocasión y le llevó un montón de cestos de fruta, que a los hombres se los conquista por la cama o con la comida de toda la vida de Dios, eso se sabía desde Egipto a Bizancio. Y bueno… ¡flechazo total! Tan bien estaban que ya no hacían ni vida social, todo el rato juntos y los colegas: “Marco Antonio, recuerda que mañana quedamos para ir a la guerra con los Turcos” y él “mmm… Creo que no voy a bajar, voy a coger con la Cleo una peli, sofá y mantita y…” Y los amigos rebotadísimos, que ya nunca invadían ni ná. Con el tiempo lo acabaron liando para un finde en Roma, que a los colegas tampoco se les puede abandonar tan fácilmente y le dijo a su amorcito: “Cariño, tu quédate aquí para dar a luz (que la Cleo estaba en estado otra vez) y eso, que vuelvo en un par de días” Vamos que iba a tomar algo y lo liaron… Volvió a Egipto cuatro años después y… ¡Casado! Con la hermana de Augusto, nada menos, que debía pensar Cleopatra: “Hombres, esa raza falsa... Si la culpa es mía pero liarme con Italianos…” Y el Marco Antonio: “Que fue todo culpa de los otros, en serio, que me liaron, empezamos poniéndonos al día, una cosa llevó a a la otra y…”. Y una mujer enamorada lo perdona casi todo y más si el tío se pone en plan arrepentido y lleva algún detallito, yo que sé:, una isla, unos territorios en Fenicia, le promete matrimonio, esas cositas… Pero en Roma no se tomaron la reconciliación demasiado bien que Augusto pensaba “¡Con mi hermana solo me meto yo! a la faraona esta la cogemos y la paseamos prisionera por Roma y luego de esclava”
Y a ahí ya… empezaron con las guerras, empezaron a perder las guerras… a Marco Antonio le empezó a entrar el canguele y daga al pecho que te crió. Y Cleopatra se quedó sin churri y con la perspectiva nada alagüeña de ser escalva, ¡Esclava ella que siempre había pensado eso de “antes muerta que sencilla”! Siempre le quedaba la opción de camelarse al Augusto, pero estaba ya hasta moño de romanos, que no le duraban nadita, así que pidió su última comida, un cestito de frutas de temporada enredadas con áspid, lo último en nouvelle cuisine para suicidios, que hasta para morir hay que tener clase, y acompañó a Marco Antonio a la vida eterna.
A pesar de ser de la realeza y tal su vida no fue tan sencilla, que con 17 años la obligaron a casarse con su hermano pequeño, de 10, para poder ser faraona de Egipto. Ahora, los que tengáis hermanos, imaginaos lo chungo que es eso, que con las que se arman para elegir el canal de la tele ¡¡imaginaos la que se puede liar por el control del mando de un país!! Así que se pasaban el tiempo echándose pullitas:
-“Cleo, me voy a chivar a los Griegos que andas mucho con Pompeyo”
-“Ay, enano, haz lo que quieras, que me tienes frita”
Y Ptolomeo se chivó y expulsaron a Cleopatra a Siria. Ahí ella se pilló un rebote tremendo:
-“¡Lo mato! ¡Lo mato! Esta vez se ha pasado un huevo, ¡que expulsarme de Egipto no es lo mismo que ocupar el baño por la mañana! Me voy a echar un novio buenorro, con ejércitos y todo y la venganza va a ser tremenda”
Casualidad que al poco se enteró de que Julio Cesar estaba en Alejandría, se coló en su hotel cual grupie de toreros y se lo llevó al huerto y como además tenía don de gentes y una voz muy seductora el general se quedó prendado de la faraonita. Su hermano reaccionó como cualquier hermano en cualquier época de la historia cuando la hermana adolescente se echa un novio nuevo: incordiando.
-¿Que está en Alejandría con un rollete? pues vamos a cercarles el palacio, que no puedan salir a ver que pasa.
No contaba Ptolomeo con el su cuñado no entendía esos chascarrillos familiares y montó en cólera, pidió refuerzos a Roma y ¡ardió Troya!! Digo, ¡ardió Alejandría! literalmente además, que si batalla por aquí, quema de naves por allá, vamos que la cosa se puso fea, Ptolomeo puso pies en polvorosa y con las prisas se cayó al Nilo y nunca más se supo. Cleopatra recuperó el mando y para agradecérselo llevó al general Romano de crucero por el Nilo y de visita a su país:
- Pues si, Julio, como te contaba, soy la que gobierna todo esto, es todo mío, soy lo que se viene diciendo un partidazo.
Y él:
- La verdad es que hombre que te lleve… ¡menuda suerte! Yo porque estoy casado, que si nó...
-¡Ups! Ese pequeño detallito, bueno… no soy muy celosa, tu llévame a Roma y ponme un pisito que ya veremos cómo arreglamos.
Y durante los siguientes años se pegó la gran vida, ¡ríete tú de Mujeres Ricas!: Desfiles por Roma, recepciones, una estatua de oro a su imagen y semejanza, por no hablar de la mejora de su fondo de armario. Lo que pasa es que los romanos eran muy suyos y no veían bien que el César estuviera con una extranjera: "Esta fijo que viene por la fama y el dinero y lo de quedarse embarazada fue claramente para pescar al Julio, que con la legítima no tiene descendencia, y conseguir la nacionalidad”
Julio Cesar hacía oídos sordos así que tomaron una solución radical, que en la antigüedad no se andaban con chiquitas: lo mataron.
Cleopatra se quedó afectada pero tonta no era, así que dijo: “bueno, yo me voy a ir yendo, que tengo Egipto medio desatendido y me ha entrado así de repente una nostalgia… Y a ver si uno de estos atractivos soldados me acompañan, que los Italianos de siempre habéis sido muy caballerosos y dejar así a una chica sola no está bien. Marco Antonio, por ejemplo”
En el viaje se gustaron y después cuando Cleopatra estaba sola en su palacete egipcio se puso a pensar en él y en que no le importaría volver a Roma, que le había gustado el sitio y luego ya él le mandó un sms y quedaron en Tarso. Cleopatra se puso divina para la ocasión y le llevó un montón de cestos de fruta, que a los hombres se los conquista por la cama o con la comida de toda la vida de Dios, eso se sabía desde Egipto a Bizancio. Y bueno… ¡flechazo total! Tan bien estaban que ya no hacían ni vida social, todo el rato juntos y los colegas: “Marco Antonio, recuerda que mañana quedamos para ir a la guerra con los Turcos” y él “mmm… Creo que no voy a bajar, voy a coger con la Cleo una peli, sofá y mantita y…” Y los amigos rebotadísimos, que ya nunca invadían ni ná. Con el tiempo lo acabaron liando para un finde en Roma, que a los colegas tampoco se les puede abandonar tan fácilmente y le dijo a su amorcito: “Cariño, tu quédate aquí para dar a luz (que la Cleo estaba en estado otra vez) y eso, que vuelvo en un par de días” Vamos que iba a tomar algo y lo liaron… Volvió a Egipto cuatro años después y… ¡Casado! Con la hermana de Augusto, nada menos, que debía pensar Cleopatra: “Hombres, esa raza falsa... Si la culpa es mía pero liarme con Italianos…” Y el Marco Antonio: “Que fue todo culpa de los otros, en serio, que me liaron, empezamos poniéndonos al día, una cosa llevó a a la otra y…”. Y una mujer enamorada lo perdona casi todo y más si el tío se pone en plan arrepentido y lleva algún detallito, yo que sé:, una isla, unos territorios en Fenicia, le promete matrimonio, esas cositas… Pero en Roma no se tomaron la reconciliación demasiado bien que Augusto pensaba “¡Con mi hermana solo me meto yo! a la faraona esta la cogemos y la paseamos prisionera por Roma y luego de esclava”
Y a ahí ya… empezaron con las guerras, empezaron a perder las guerras… a Marco Antonio le empezó a entrar el canguele y daga al pecho que te crió. Y Cleopatra se quedó sin churri y con la perspectiva nada alagüeña de ser escalva, ¡Esclava ella que siempre había pensado eso de “antes muerta que sencilla”! Siempre le quedaba la opción de camelarse al Augusto, pero estaba ya hasta moño de romanos, que no le duraban nadita, así que pidió su última comida, un cestito de frutas de temporada enredadas con áspid, lo último en nouvelle cuisine para suicidios, que hasta para morir hay que tener clase, y acompañó a Marco Antonio a la vida eterna.
