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miércoles, 11 de mayo de 2011

VLAD III, EL EMPALADOR



Vlad III, Vlad Draculea o Vlad el empalador a parte de ser el que inspiró a Bram Stocker para escribir El conde Drácula y un antepasado de Robert Pattison (si, si, pa flipar, no lo decimos nosotas, lo dice AKI google) fue un príncipe de Velaquia, una antigua región a orillas del Danubio.
Vlad era el hijo mayor del rey de Valaquia y fue una víctima de las circunstancias, que el vicio ese de empalar a la peña uno no lo adquiere así por casualidad. Todo empezó cuando tenía 13 años  y su padre los entregó a él y a su hermano Radu de rehenes a los turcos, ¡en plena revolución hormonal y secuestrado por el enemigo! no hace falta ser psicoanalista para ver que eso algún trauma te lo acarrea fijo.  Pero por si le quedase alguna posibilidad de salvación y estabilidad mental cuando por fin lo liberan y llega del exilo descubre que los húngaros, apoyados por la aristocracia local, habían enterrado vivo a su otro hermano y matado a su padre.  Y él:
-Muchas gracias por liberarme ¡eh! A buenas horas, con toa la familia muerta, ¡no veas que fiesta! ¡Pa eso me quedaba en Turquía!
Y claro, al chico, con 17 años, saliendo de un cautiverio y con la tontería de encontrarse a si mismo y esas chorradas de la adolescencia pues… ¡le duró en el trono dos telediarios! que a los pocos meses un primo Vladislav II le arrebató el poder y o expulsó del país. Y viendo como estaba el panorama, que ni de la familia se podía fiar uno, se alió con los húngaros. Si, si, habían matado a su padre y a su hermano y tal, pero el rencor es una cosas muy fea… y además, pues tampoco tenía mucho más donde elegir…
Se hizo supercolega de Juan Hunyadi, que era el líder, y cuando no estaba sirvíendole en batallas le estaba comiendo la oreja: “Mira mi primo Vladislav, que mala gente que es, que ese cuando te despistes os invade, o se alía con los Otomanos  no me gusta hablar mal de la familia pero… ¡si lo conoceré yo! Yo creo que deberías destronarlo…  y ponerme a mi en su lugar… Es solo una idea, pero tú verás…“  Y tanto ralló con el tema que terminaron por hacerle caso…
 Llegó al trono todo contento, después de 8 años tratando de recuperarlo, y lo primero que hizo fue quitarle los privilegios los aristócratas que le había jodio la vida a la familia ¡faltaría más! Que él iba de buen rollo, pero tonto no era… El caso es que la peña se lo tomó fatal y empezó a montar rebeliones internas, que si no le querían como rey, que si su padre era un sanguinario y de tal palo tal astilla. Y el pobre Vlad, con la falta de cariño que había arrastrado toda la vida y viéndose rechazado otra vez pues se cogió un pique tremendo, se ofuscó y …¡los empaló a todos! Y lo a gusto que se quedó, oye, que a lo mejor no es la mejor terapia, vale, pero el Tai Chi y el Yoga no estaban de moda  la Rumanía medieval, ¿Qué se le va a hacer? Y el descubrió que lo de empalar enemigos le desestresaba la leche y se volvió así un poquitín sádico, que al principio solo lo hacía con los opositores, pero ya cuando le cogió el punto, lo convirtió en costumbre local. Así que el Valaquia del siglo XV como no te anduvieses con ojo acababas pinchado en un palo por menos de nada: que robabas, ¡te empalaban! Que cometías adulterio ¡te empalaban! Que le decías a Vlad que ibas a tener un hijo suyo y era mentira ¡te empalaban! Que estabas todo andrajoso y sólo con un sol de justicia trabajando en el campo… ¡empalaban a tu mujer! por no ayudar…
Vamos, que con ese panorama ¡¡cualquiera se atrevía a decirle que el bigotazo que se gastaba era ridículo!! Andaba la gente con un civismo y un respeto a las normes admirable, que un día Vlad dejó una pedazo de copa de oro macizo abandonada en la plaza del pueblo y ¡no hubo huevos a robarla!
Entre 40.000 y 100.000 personas fueron eliminadas con ese método, vamos que… ¡empezó a empalar y se le fue la cosa de las manos!  De hecho el tema le valía para repeler enemigos y todo, que iba un día un ejército turco todo dispuesto a invadir el país, y cuando vieron los círculos concéntricos de empalados a las orillas del Danubio se quedaron de piedra y el capitán:
-¿Que venía yo a buscar aquí? Fíjate que me pasa un montón de ir a un sitio a buscar algo y que se me olvida… Vamos a volver p’a Turquía a ver si me acuerdo… que ir a Valaquia pa n’a es tontería…- y se retiraron.
En el país la gente iba como la seda, pero lo que es con el exterior, ¡un no parar de guerras! , que si contra otomanos, contra cristianos, contra musulmanes, que si contra los inspectores de hacienda (si, si, había quién viendo cómo se las gastaba el amigo se atrevía a pedirle impuestos… esto ya eran ganas de que te empalase…)  ¡un maldito para todas las religiones!  Y con la de enemigos que tenía y con las ganas que le tenían todos adivinad quién  le arrebata el trono…  ¡Pues Radu! El único hermano que le quedaba vivo, apoyado por los turcos, ¡Radú el hermoso! Que siempre había sido un pijo y un pelotillero, desde el cautiverio “no, no, a mi no me liberéis, si eso a Vlad que no os quiere, yo me quedo aquí de rehén un poquito más…”
 Se hizo cargo de un ejército turco y un día que Vlad no estaba llegó al castillo. Y los sirvientes a la esposa de Vlad:
-¡Qué está aquí tu cuñado!
-¡Uyy! Este viene a pedir dinero o a conquistar el Valaquia, si conoceré yo a mi familia política…- Y con las mismas saltó de una ventana (hay otra versión que dice que se calló limpiándolas, con los retoques de última hora al ver que tenía visita pero no nos la creemos…)
Total que Radú el hermoso se hizo fuerte dentro del país y venció a las tropas del empalador, con lo que  el pobre Vlad tuvo que  vagar por las fronteras otra vez más, con un pequeño ejército de guerrilleros a ver si recuperaba el poder, que a la 3ª iba la vencida… pero nada, que en una de esas le tendieron una emboscada y lo liquidaron, esos sí, le cortaron la cabeza para enviársela al rey turco, que viera que lo de que el bigote llegaba de oreja a oreja era totalmente verídico, como no había cámaras de fotos…