Cristina, hija del rey Gustavo Adolfo, el león del Norte, nace en Suecia en 1626. Al nacer las comadronas armaron un gran alboroto creyendo que era un niño. ¿Y por qué llegaron a esta conclusión? “Porque tenía pito” estaréis pensando. Pues no, respuesta incorrecta. ¡Porque tenía pelo! Así de rigurosas eran las premisas de la época. Pero luego al pasar del pelo al pito y ver que allí no había nada ya se quedaron todas acojonadas, que a ver quien era la guapa que le iba ahora con el error al león del Norte, que por algo le llamarían león…
Pero Gustavo Adolfo era la mar de campechano y se lo tomó todo muy bien:
-Confío en que esta niña me valdrá como un varón. Será astuta porque se ha burlado de todos nosotros.
Y la educaron tan bien como varón que hasta ella misma se lo creyó, que me parece a mi que a esta le gustaban más dos tetas que a un tonto un lápiz. Cristina no mostraba el más mínimo interés por los quehaceres femeninos y, por el contrario, se perdía por la caza, la esgrima y la equitación. Y se pasaba el día en la escuela de idiomas, ¡que ya de niña dominaba 8 lenguas la criatura!
En 1632 muere su padre y es proclamada reina, pero en seguida la empiezan a presionar para que se case: “que si las solteras no son de fiar”, “que si algún defecto tendrá, o mucho escoge…”
Y Cristina:
-¡¡Anda, pues claro que escojo que soy reina!! Este muy tonto, este muy bajo, este muy…rubio. Si es que ¡como está el mercado!
¡¡¡Que lo que no quería era casarse!!! Que total ella ya estaba forrada, ¿para qué coño iba a querer un marido?
A ella lo que le gustaban eran los datos y los listillos, ¡se perdía por los porcentajes, las cifras y los filósofos! y en aquella época ¡había un montón! Así que inició una animada correspondencia con Descartes y lo invitó a visitarla a Estocolmo, lástima que el pobre René no tuviera los pulmones tan saneados como las teorías y, a las pocas semanas de llegar a Suecia, la palmó de una pulmonía, ¡¡que no te puedes fiar de estos intelectuales, que se te mueren en seguida!!¡ Que disgusto para la pobre Cristina !
Y mientras tanto todas las celestinas al acecho. Que tan pesadas se pusieron las cotillas del reino que no aguantó más la presión y decidió abdicar y pasarse al catolicismo en 1654 ¡que los luteranos eran unos plastas!: “Que si ahora te casas, que si ahora procreas, que si ahora haces de ama de casa...”
-¡¡¡ Anda ya, y que os zurzan!!! Que yo me voy pa Roma con ese señor del traje blanco que no tener que obedecer a nadie es dicha mayor que mandar sobre toda la tierra.
A ver, ¿quién me quita la corona? A ver, a la de una, a la de dos… ¡Arggg, suecos! ¡Que poca sangre!, ya me la quito yo guapos, no os canséis. Espero que en el mediterráneo sean más espabilados porque…
Y así dejo plantaos a todos los suecos abdicando en un compañero de juegos de la niñez y pidiendo a cambio, que la chica era lista, una cuantiosa pensión de por vida, una pequeña colección de arte y la soberanía de unos pocos territorios para no aburrirse.
Y allá que se fue pa Roma a cenar con el papa, a fundar academias de astrología, y a darse a la gran vida cultural (hay que ver que perversiones más raras tienen algunas…)
Pero los mediterráneos eran más temperamentales de lo que ella podría esperar, ¡que no le dejaban ejecutar a nadie ni nada!
-Que no tienes jurisdicción, que no tienes jurisdicción… Asco de italianos, ¡¡¡que soy reina soberana, joder!!! ¡Que mi presencia basta para crear un reino!
Y los españoles eran aún peores, que se tomaban unas confianzas que no eran normales.
-¡¡Pues si al embajador francés le dejas presentarse ante ti sin descubrirse a mi, que soy el duque de Terranova, también!!
Y cuando Cristina se negó le soltó literalmente:
- Pues que sepas que eres la puta más grande de este mundo, ¡ala!.
Que los españoles somos así, de defendernos con grandes argumentos, ¡¡claro que sí!!
Cristina, ya hasta los huevos, decidió retirarse a Paris (que era una fiesta) y escribir sus memorias como si de un bohemio se tratase, ¡solo le falto alquilarse una buhardilla en Montmartre! Pero ya cuando llegó a los 10 años de vida se cansó y plantó el libro...que las memorias son como un blog, las empiezas muy ilusionado pero por el camino te entra la desidia…
Por el 1667 la no-reina ya estaba cansada de lidiar con sur europeos que no le conquistaban ni el triste reino de Nápoles ni nada, en Suecia ya no la querían y además su situación económica era bastante precaria…
Pero cuando la situación parecía insalvable a Cristina la ayudó un pequeño consejo que ya os adelantamos en Casandra ( chicas, ¡¡¡no os hagáis las estrechas!!!) .Su antiguo amante Decio Azzolino se había convertido por azares de la vida en secretario de Estado y, como es de buen amante ayudarse a seguir adelante, pues este le consiguió gracias a su cargo una pensión que le permitió vivir el resto de su vida sin problemas y totalmente inmersa en la vida cultural: construyó el primer teatro donde se sustituyeron los papeles femeninos, hasta ahora interpretados por castrati, por mujeres de verdad, se dedicó a criticar y denunciar las vejaciones que sufrían los protestantes a manos de los soldados franceses y llegó a la conclusión de que en esta vida hay que dudar de todo, incluso de la misma duda”
Falleció el 19 de abril de 1669 como su amigo Descartes víctima de una pulmonía, fue enterrada en la basílica de san Pedro junto a los papas y pasó a la historia por ser la reina que lo ha visto todo, lo ha leído todo, lo sabe todo. Una mujer independiente que tanto le daba a la carne como al pescado y, sobre todo, que vivió la vida a su manera con un par….de ovarios.
