miércoles, 2 de enero de 2013

LA GUERRA DE LA INDEPENDENCIA




 

CAPITULO 3: LOS LEVANTAMIENTOS DEL DOS DE MAYO
PARTE II
 
(viene de aquí)

A todo esto, Goya, se paseaba por aquí y por allá, a uno y otro lado de la plaza, buscando el mejor ángulo desde el que dibujar posteriormente la reyerta:
-De oro, Paquito, te vas a hacer de oro, guapetón, anda que no se va a hacer famoso este cuadro ni na, me lo va a querer comprar el rey, Napoleón, la plebe...¡Todos, todos me quieren! Los voy a pintar así, bien sudaditos a los mamelucos, y con sangre, ¡¡mucha sangre!! ¡Que se vea que sufrimos! ¡Si es que soy listo, soy listo! De título le voy a poner… La Carga de los Mamelucos, o si no… ¿Qué día es hoy? Dos de mayo. Pues ¡El Dos de Mayo! ¡¡Todo genialidad, todo genialidad lo mío!! En cuanto terminen me voy a comprar pinturas, ¡¡rojo, mucho rojo!!
Mientras tanto en el parque de artillería de Monteleón nadie había intervenido, pero siempre hay culos inquietos como Pedro Velarde, al que le caían fatal los gabachos y además creía que el Napo se había pasado tres pueblos. Así que allá se fue a hablar con su superior:
-Oye, súper, ya sé que tenemos órdenes de no intervenir y tal, pero es que se están pasando tres pueblos, ¡que nos están matando mucho! y que digo yo que si nuestro deber no será proteger el pueblo y la patria, que me suena que yo en el manual algo de eso leí.
-¡¡Pedro, por favor, POR FAVOR, no me des el día!! Si nos dijeron que no interviniéramos, ¡no intervenimos y punto pelota!, te vas a poner tú ahora con conciencia y moralidades, ¡¡habrase visto tamaño despropósito!
Pero Pedro, que era un rebelde, no hace caso y se echa a la calle, seguido por varios indignados del ejército, entre ellos el teniente Jacinto Ruíz y Luis Daoiz. Este último se niega a abastecer de armas a la población:
-Que yo sé como son estos españolitos de a pie, Pedro, que están mu locos, que le damos un rifle y la liamos parda, pardísima, que esos son capaces de dispararse un pie a lo Froilán.
Pero Velarde ni caso, que él era de la escuela de “más vale morir de pie que vivir arrodillado”, así que arma a unos 200 civiles y se atrincheran en el cuartel de Monteleón. Los franceses se enteran y allá que se van con todas sus tropas a desahuciarlos de allí también, que es que no los dejaban acampar en ningún sitio tampoco ¡joba! 10 000 franceses contra apenas centenares de madrileños.
Era la una del medio día, y a los franceses les estaba entrando el hambre y querían terminar pronto, así que mandaron a un representante a caballo para que se acercara al parque de artillería y les dijera a esos españolitos que aunque como broma había estado diver ya se estaba haciendo un pelín larga. Pero, va a ser verdad que un español con un arma en la mano lo sabe todo y punto, y además se pone nervioso, así que le dispararon:
-Joder, si es que yo vi que hacía un movimiento así como raro, como de breacking dance, me puse muy nervioso y se me fue el dedito solo, ¡de verdad de la buena!, ¡palabrita!- argumentaría luego el pobre artillero.
Una vez abierto el fuego, ya no hay marcha atrás. Los españoles resisten como pueden. Los franceses reciben órdenes de tomar el cuartel al asalto, en pocos minutos la resistencia española debe ceder, Velarde, Ruiz y Daoiz mueren en combate. Todos los civiles que habían sobrevivido son fusilados allí mismo, tan solo toman como rehenes a unos cuantos militares supervivientes. Murat da la orden de que sean fusilados, cree que ese guirigay merece un castigo ejemplar. Que si no luego tiene a la peña manifestándose cada dos por tres, y los franceses eran de arreglar las cosas así, cortando por lo sano (cabezas sobre todo).
¡¡El dos de mayo había sido un día de lo más intenso para todos!!
Esa misma madrugada, los prisioneros son conducidos a los lugares más emblemáticos de Madrid: El Prado, la Moncloa, el Monte de Príncipe Pío… Durante tres madrugadas serán fusilados, en grupos de tres, cuatro y cinco.
Allí, en el Monte del Príncipe Pío, estaba Goya otra vez, fijándose en todos los detallitos para luego pintar otro cuadro:
-¡¡Qué día, santo Dios, qué día!! ¡Qué de temática, oiga!, otro cuadro pa la posteridad, mmmm… rojo ya no me queda mucho… éste va a ser así como más en negro, como más oscuro, a alguien le voy a poner una camisa blanca… sí, sí… lo veo. A este lo voy a llamar… a ver, déjame pensar… ya pasan de las doce…tres de mayo… ¡Los Fusilamientos del Tres de Mayo! Sí, no se hable más. Y voy a decir que es pareja del otro. ¡¡De oro Paquito, de oro!! ¡De oro te vas a hacer!, y además como que parecen cuadros solidarios y patrióticos, ¡con lo que eso gusta a la gente!
Se habla de 1200 madrileños muertos en esta revuelta, Murat envía un informe a Napoleón en el que cifra las bajas de franceses en 31 muertos y 114 heridos, aunque parece ser que era un poquito mentirosillo este Murat y que el número real de 300 muertos y heridos.
Aristócratas, hidalgos y funcionarios aprovecharon para salir de Madrid por patas, un grupo de ellos llega hasta Móstoles, la ciudad de los dos alcaldes, uno para los hidalgos y otro para los pecheros (¡anda que no se necesitaban recortes en los puestos políticos ni nada ya de aquella!), sus nombres eran: Andrés Torrejón y Simón Hernández. Los huidos narran los hechos que acababa de vivir Madrid, y ya se sabe la facilidad que tienen los funcionarios pa los chismorreos entre café y café:
-Que sí, alcalde, como se lo cuento, que vino un francés que se quería llevar al infante, o comérselo… eso no me ha quedado muy claro... Bueno, pues que los nuestros van allí a hablar con el Murat, así de buen rollo, con educación, que si hay algo que nos sobra a los madrileños, es educación, usted sabe… pues nada, que se pusieron a dispararnos así a lo loco, sin ton ni son, que nosotros al principio poníamos la otra mejilla, o a otro campesino, para que dispararan, pero ya sabe usted que todo cansa, así que nada, nos resistimos un poco, les dimos unos empujoncitos, nos encerramos a lo manifa pacífica en el cuartel de artillería...¡Y como se pusieron! Tres días llevan fusilando gente, que no hay quien pare en Madrid con ese olor a carne quemada tan detestable. ¡Sofocadita vengo! Hágame una tilita, ande, sea bueno.
Y los alcaldes, claro, se pican a mazo:
-¡Pero habrase visto tamaña desfachatez estos gabachos! Usted no se sofoque querida, ahora mismo voy a coger la escopeta y les voy hacer tragar metralla a esos franchutes… Bueno… aunque mejor, tal vez, sea hacer un edicto, y ya si eso que se pelee la plebe que está más acostumbrada… A ver voy a poner: ”En nombre del Rey y de la tierra”... esto a los campesinos les va a llegar a la patata, patata de corazón, ¡eh! No patata de tubérculo. A ver, ¿por donde iba? Eso, "en el nombre del Rey y de la tierra llamo a todos los españoles de bien a coger las armas y luchar contra los franceses…” así creo que ya queda bien…
Y es un andaluz, Pedro Serrano, el encargado de cabalgar para difundir la noticia, 186 km en un día, ahí es nada, para que luego se diga que los andaluces son vagos . Primero Talavera y luego Cáceres, según iba llegando a los pueblos y dejando el mensaje, en éstos se iba transcribiendo de nuevo para volverlo a pasar, y claro, como no tenían fotocopiadora,  pos venga a mano, que tenían a todos los niños del cole a lo Bart Simpson en la pizarra, solo que ellos en papel claro: “ En nombre del rey y de la tierra llamamos a los españoles de bien a coger las armas blablabla...”
Y así cincuenta copias, Monchito, que Rey lo has escrito como con mala letra, ala, ¡y que se lea todo bien, eh!
Así en pocas semanas ruló la noticia como la pólvora, 40 000 españoles se echaron al monte. Si es que te lo vendían mu bien, así rollito acampada de chicos, como en las pelis americanas:
-Que bien lo vamos a pasar Manolo, aquí, nosotros solos, sin las parientas, sin nadie que te diga “si quieres mear te vas al corral con las gallinas, pero como me lo vuelvas a hacer en el portal te retuerzo el pescuezo, ¡¡cochino, que eres un cochino!!”. Haciéndonos nuestras casitas con ramas de árboles, si es que yo desde pequeño he querido tener una casa en el árbol, chico. Y también te digo una cosa, que nosotros a los franceses los podemos de lejos, ¡¡anda que no!! Tan esmirriaditos ellos, con su Napoleón: “Ohhh, no soy alto, pero soy el rey del mundo, mon Dieu” ¡¡¡Tonterías!!! ¡El macho ibérico, es el macho ibérico! Y todo lo ibérico es bueno. Sí, señor. ¡Qué vacaciones, Manolín, esto va a ser coser y cantar!
Y los soldaditos igual, que al final quisieran o no les tocó dar el callo, 110 000 soldados españoles esparcidos por todo el país, una birria de soldados, también os lo digo, mal armados, mal adiestrados... vamos, como ahora, el típico gualdrapas español, ¡si eg que los mediterráneos semos asín!
Y con este panorama empezamos nosotros la Guerra de la Independencia: ¿Que éramos menos? ¡Si! ¿Que estábamos peor armados? ¡También!¿Qué los españoles siempre hemos sido gafes? ¡SÍ, SÍ Y SÍ! Pero si hay algo que nos une y nos hace fuertes es ese odio irracional hacia los franceses. Que lo de los guiñoles no se lo íbamos a perdonar tan fácilmente.

jueves, 27 de diciembre de 2012

LA GUERRA DE LA INDEPENDENCIA




CAPITULO 3: LOS LEVANTAMIENTOS DEL DOS DE MAYO
PARTE I
El dos de mayo de 1808 después de que Napoleón hiciese sus trapicheos en Bayona para conseguir la corona y cedérsela a su hermano, que no todo lo puede hacer uno, ¡leches!, y además se estaba leyendo un libro muy bueno de : Ser Emperador es Fácil si Sabes Cómo y allí ponía que delegar responsabilidades era la base de un gran imperio y, a ver, tampoco era plan de llevarle la contraria a un best-seller. Pues eso, que el dos de mayo de mañanita a eso de las nueve llegó el general Murat (un cuñado trepa del Napo, a la altura de Urdangarín el tío) a buscar al infante Francisco de Paula, que se estilaba mucho por aquellas épocas cerrar tratos así, dejando hijos como prenda, luego ya se inventó el DNI y se pasó la moda.
Pues allá que llega Murat recién levantando, sacándose las legañas a buscar al niño:
-Nene, vamos, ven conmigo, que están tu padre y tu hermano esperándonos en Bayona.
-Anda, pringao, ahora me voy a ir yo, sí. Si están reponiendo Dragón Ball Z en Tele Madrid, que me he levantado a posta pa verlo.
- ¡Que te vengas neneee! Que allí te ponemos dibus también, no sé, algo francés, Tintín o algo…
- Tintín es de gays, gabacho, ¡anda y que te zurzan!
-¡¡QUE TE VENGAS MOCOSO!!
-¡Uy, lo que me ha dicho! Y sin tocar ¡eh! que soy infante, ¡que mi papi es rey! Ya verás cuando se entere la plebe…¡¡Rodriiii, hay aquí gabacho mu feo que quiere secuestrarme!!
Y el mayordomo, Rodrigo López de Ayala, que estaba hasta las narices de los gabachos, que se los encontraba en todas las esquinas, ¡¡50 000 en Madrid, habrase visto!!, que cuando iba al mercado tenía que esperar siempre a que compraran sus asquerosos quesos, que dejaban olor en todo: en el tocino, las manitas de cerdo, las tripas…¡todo con olor a roquefort! Decidió que ya era suficiente, que eso lo cortaba él por lo sano, ¡anda que no! ¡Se apresuró a la ventana, la abrió y y gritó el famoso:
-¡Pueblo, alcen las armas, que se llevan al infante!
Y desde ahí ya una locura…”¿Que se llevan al infante?”  “¿Como que se llevan al infante?”, “¡Paquito coge la escopeta y vete a palacio que me ha dicho a mi Carmen que los gabachos se quieren llevar al niño!”, “¡Meterse con niños, eso es tan francés!”, ¿Que los franceses son unos comeniños?”, ¿Que en el palacio hay un niño comiendo un francés ?”, “¿Qué?”, “¿¿Cómo??”, “Uy, un corrillo de gente voy a ver qué pasa”, “¿Manolo a donde llevas la escopeta?” “No sé, todo el mundo anda con ella por la calle”, “Bueno , si lo hace todo el mundo…”
Y a pesar de que la cosa empezó con un corrillo de decenas de personas, acabaron siendo miles las que tomaron las calles de Madrid armadas hasta los dientes con todo lo que tenían a mano: palos, piedras, agujas de coser…
Ante esto Murat se acojonó, que era sabida en toda Europa la fama del macho ibérico, ¡que eran mu brutos, leñe! y él era muy francés y muy fragilito, así que decidió darle una llamadita a las tropas francesas que habían cruzado a invadir Portugal y se habían quedado a vivir en Madrid, comiendo callos y bailando chotis:
-Hola, ¿es ahí la guerra?
-…
-Murat al aparato. Que digo yo que con 50 000 franceses en Madrid bien podría venir alguno a echar una mano, que tengo a los españolitos mu revueltos. Y además estamos en mayo, y los mayos, ya sabe usted que los carga el diablo. Mes de revoluciones de siempre.
-…
-Que me da igual que se hayan aficionado a los toros y al vino español, un francés, es un francés y debe luchar por la patria, tirar camiones de fruta y meterse con los deportistas españoles. No vamos a cambiar eso a estas alturas.
-…
-Bien, bien, nos vamos entendiendo. Pues me envía un batallón de infantería, un escuadrón de caballería y dos piezas artilleras pa que se calme la chusma. ¡Lo van a flipar!
Y los franceses, que no tienen sentido del humor ni entienden nuestras idas de olla, ni na, ¡¿no se ponen a disparar los muy hijos de las Galias?! Así, sin avisar ni nada, sin un “sujétame François, que no respondo...” ¡A mala fe! ¡¡Doce madrileños se cargaron con esa tontería!!
Eran las diez de la mañana, y España acababa de entrar, aún sin saberlo, en la Edad Contemporánea. Los madrileños se echan a la calle en masa, y comienzan a cazar franceses a lo loco, venga todos pa la saca. Entre las diez y las once y media dan muerte a un montón de gabachos tranquilotes que paseaban por las calles sin enterarse de la movida. ¡Si es que habían empezado ellos, jopé!, y nosotros somos de sangre caliente, que igual mañana nos arrepentimos, ¡pero hoy te mato, te mato y punto!
Y mientras el pueblo estaba dando el callo por las calles de Madrid, ¿qué hacía el ejercito?. Pues la mingurria ejército que teníamos, de 3000 personicas, estaba en el cuartelillo cruzado de brazos y murmurando: “qué movida, qué movida, chaval”, que a ellos le habían dado órdenes de no intervenir , y si hay algo que caracterizaba al ejército español era la obediencia, eso, y el afán de no meterse en líos, que ya venían escaldados de Trafalgar, que sabían que eran un pelín gafes, así que cuanto menos batallas mejor para todos, ellos mientras la plebe perdía la vida por defender el país, pues se hacían una partidita de damas o de billar, al que Fernando VII era un gran aficionado.
Mientras, los franceses fueron arrinconando a miles de madrileños en la Puerta del Sol, y allí los tenían, encerraditos a la espera de los mamelucos, que para el que no lo sepa eran unos soldados mu malos y mu fieros que se había traído Napoleón de Egipto, esclavos en su mayor parte. Los madrileños hicieron lo que pudieron, y algún mameluco mataron y todo, pero, a ver, que ellos eran muchos más, ¡¡y tenían caballos!! Pronto la revuelta es sofocada, con decenas de bajas españolas y cientos de prisioneros. Era la una del mediodía, y la manifa, como todas en España, había sido dispersada por los antidisturbios a golpe de porra, hay cosas que con el tiempo no cambian en Sol...

Continuará...

miércoles, 19 de diciembre de 2012

LA GUERRA DE LA INDEPENDENCIA




 CAP 2: MOVIDÓN EN BAYONA  O QUE RULE ESA CORONA.
(PARTE II)
(primera parte aquí)

Los reyes padres, por su parte, se abrieron para Madrid el 9 de abril. Carlos tenía un cabreo de muy señor nuestro:
-Esta no es manera de hacerme abdicar, no señor. Se puede decir que me obligaron, y va el hijo rana que me ha salido y se agencia la corona. Si ya no hay respeto por nada, en mis tiempos se esperaba a que el padre de uno falleciese para heredar. Pero no se va a quedar la cosa así, vamos hombre, ¡que de mi no se ríe ni Santa Rita bendita!

Mientras tanto Napoleón le hacía la pelota por igual a unos y otros, ya tenía el plan montado, como veréis a continuación: cuanto más confiasen en él, más fácil le sería después mandarlos a todos a tomar viento. No cabía en si de gozo de tanta inteligencia que le había dado el destino:
-Jopetaaaas, es que con España y Portugal de Europa ya no me queda casi nada por conquistar… y luego me pongo con Rusia… hay que ver, pero qué listo que soy, ya decía mi madre que iba a llegar alto.  Voy a llamar a los zoquetes esos, así me río un rato. A veeeeeeeeeeeer, creo que los tengo a los dos en contactos… mmm… efectivamente. Esto ya da tono, a veeeeeeer…
-Carlos IV de las Españas al habla, ¿dígame?
-Hola Carlos, soy Napo… llamaba para ver cómo van las cosas, ¿qué tal la familia?
-¡Ahh amigo mío1, la familia no me da tregua, disgusto tras disgusto. Está la parienta con una ciática que la tiene postrada en cama, y por encima ya te habrás enterado de que mi hijo se dedica a hacerme la puñeta…
-Estos jóvenes, ¡¡han perdido el norte por completo!! Pero el pueblo es pródigo con los buenos monarcas, reclamarán tu vuelta al trono, no te quepa duda. Si eso tomamos un cafecito en Bayona, hablamos un rato y así te desahogas, que te veo estresadito. Puedo llevar el portátil y redactamos un manifiesto para aclarar que te viste forzado a renunciar a la corona. Firmado por mí (aunque peque de poca modestia) tendrá mucho más impacto mediático.

Tras un extenso diálogo sobre el partido Francia-España del día anterior y algunos comentarios en relación a la subida del precio de la luz, Bonaparte finalizó la conversación con el Padre, y le mandó un whatsapp al hijo (para ser fieles a los hechos históricos, vamos a transcribir la conversación tal cual se produjo)


-          -Fer, ¿q tal? Ya m enterado q eres rey. ¡¡Felicidades tío!!
-          -¡Gracias Napo! Mira, t mando una foto mía con la corona. A q mola?
-          -T favorece mazo!! Tu viejo ya iba cascao, hay q dejar sitio pa los jóvenes.
-          -Ya t digo!! Ahora a ver si lo meto en el rollo del Imserso con mamá y se van pa Benidorm… así m dejan trankilo pa gobernar a mi aire.
-          -Ya sabes que tienes mi apoyo.
-          -Eres un colega de los q escasean, un tío legal! Muchísimas gracias! Contigo apoyándome los españoles se van a fiar mucho más de mí!!
-          -Oye, si eso quedamos un día para tomar unas birras.
-          -Ideal! dónde?
-          -Q te parece Bayona? Hay unos baretos q te mueres pa tapear, y t ponen toda la música indie del momento.
-          -Güai!! Qdams entonces, q día?
-          -El 20 de  te viene bien?, ok?
-          -Ok, nos vemos. Y repito: Gracias, tío!

Así, uno detrás de otro y con diferentes motivos, fueron llegando a Bayona:
El 20 de abril, Fernando, para tomarse unas cervezas y unas tapitas de calamares con Napoleón.
El 22 de abril, Carlos IV, para tomarse un café y unos canapés con Napoleón.
El 26 de abril, Godoy, que había logrado salir Carabanchel (donde lo habían metido por su intento de huida) gracias a la intermediación francesa, que lo quería cerca de Carlos IV para mediar a favor de la causa napoleónica. Se uniría a los canapés, pero por su parte no tomaría café (que le producía gastritis) sino té, que además le parecía mucho más chic y acorde con su sex appeal.

La tarde que Fernando VII se fue de tapas por  Bayona con Napoleón fue una de las peores de su vida, nunca lograría superar el engaño al que le había sometido su ídolo… Para que os imaginéis, es algo así como escuchar a Joan Manuel Serrat cantando raegetton, que la congoja no se te va ni pa dios… (y no os digo las pelas que se tuvo que gastar la corona después en psicoterapia para Fernando,  porque os asustáis fijo).  

-Que ni siquiera se atrevió a decírmelo en persona, joé, que tuvo que mandarle al pringado de Savary, no se vale, qué bajón - le diría unas horas más tarde el infante a un amigo - va y me suelta que la idea es sustituir a los Borbones por los Bonaparte, ya hay que ser falsos, pero falsos a tope de mala leche.

El 11 de mayo, en el café con Carlos y Godoy, Napoleón volvió a citar a Fernando y lo amenazó para que abdicase a favor de su padre.
-Ya ves, Fernandito de mi vida, soy rey de nuevo. Ahora te fastidias, por mal hijo.

Pero la felicidad no le duró demasiado a Carlos. El 5 de mayo el mariscal Duroc y Godoy redactaron un tratado que lo culpaba de todas las revueltas que estaban aconteciendo en España, y lo obligaban de nuevo a ceder la corona a Napoleón. Su mujer no daba crédito:
-Eres un pelele, marido… porque esta ciática no me deja ni moverme, de lo contrario otro gallo nos hubiese cantado… Así no hay pueblo que te respete, ¡coñe!! Y vas y le regalas la corona a un gabacho, a un afrancesado enclenque que seguro que ni es capaz de digerir un buen pote de garbanzos. Te parecerá bonito, a ver qué hacemos ahora. Sin reino ni nada, nos quedamos en la calle, porque eso de que te va a regalar un castillaco y bla bla bla aún está por ver,  no me fío ni pizca. Y aún querrás que me ponga a trabajar. ¡Es que no doy crédito, no doy crédito!. Ni mi esposo ni mi hijo son capaces de conservar lo que es suyo por derecho, dejándose engatusar por un mequetrefe, un gandul, ¡un pavo real con ínfulas de emperador!! No eres ni la mitad de hombre que Godoy, así te pinte Goya en algún retrato con cola de burro…
-Serénate mujer, y no blasfemes. ¿Qué querías que hiciese? Además, que quede claro que le canté las cuarenta al Bonaparte. Le dejé bien clarito que  los límites del territorio español no se tocan, nada de escindirme el reino que luego se queda en cuatro migajas repartidas por el Mundo, y además para religión, la católica, apostólica y romana. ¡¡No se me vaya ahora a llenar el país de descreídos!!
-Bueno, bueno… ¿y me querrás decir qué vas a hacer si se pasan por el forro tus condiciones?
-Pues recupero mi corona, que me sobran arrestos…
-Eso te lo crees tú… déjame sola anda… ¿por qué me castigaría Dios de este modo? Así te dé una ciática como la mía, a ver si espabilas, pardiez.

Evidentemente, el más feliz de todos era Napoleón. Estaba tan contentísimo que ya se le había acabado el repertorio de canciones de ducha: desde y Salta conmigo, Salomé y Un pasito pa lante a Danza cu duro y algún que otro éxito de Paulina Rubio… loquito tenía al servicio de palacio con tanta nota desafinada, pero nadie le iba a aguar la fiesta. Se reía sin venir a cuento y agasajaba a la Josefina con tantos besos que la pobre ya estaba un poco hasta las narices…  sobre todo desde que quería que lo llamase “mi emperadorzito”…  ¿no le valdría pichurri, cari o cuqui, corchos, que emperadorzito no había manera de pronunciarlo a derechas?…

Dominado por todo ese ambiente de megalomanía y autocomplacencia personal, el Emperador se sonreía ante el espejo, se arrancaba tres o cuatro canas y hablaba consigo mismo:
-Napoleón, molas, tío. Molas, a este paso vas a acabar la colección de países dominados muchísimo antes que la de cromos de futbolistas de la UEFA. Ahora lo que tienes que hacer es hablar con tu hermano _. España es mía, pero ando muy liado: tantos países que dirigir, las clases de inglés, el gimnasio… y algo de tiempo necesito para mí y la Josefina… no todo va a ser trabajar en esta vida…

No tuvo éxito con el hermano inglés que se  negó con la excusa de que España olía a ajo y los españoles eran gente poco glamurosa… así que tuvo que recurrir a José, rey de Nápoles (que era muy feo de nuestro señor, pero bien valía para rey, ya se sabe que el físico no lo es todo en esta vida)
En Como podéis observar, poco a poco Napoleón lo iba organizando todo a su gusto. Nunca dejaba de trabajar ni de manipular, y parecía que todo le salía a pedir de boca. El culmen a tanto trabajo bien hecho era el Estatuto de Bayona, Carta de Bayona o Constitución de Bayona, una Carta Otorgada que tendría que jurar su hermano José, y en la que se definía el estado constitucional bonapartista.