miércoles, 3 de noviembre de 2010

PANDORA

Los Dioses, en casi todas las religiones, crearon primero al hombre que a la mujer y en casi todas las religiones un mundo plagado de hombres acaba dando muchos problemas a Dios… En el caso de la mitología Griega uno de estos primeros seres mortales que poblaron la tierra era un listillo llamado Prometeo. Prometeo al principio estaba muy agradecido con Zeus por haberle dado la vida y esas cosas, pero no tardó en considerar abusivo tener que sacrificarle animales cada poco, con lo cansado que debía ser andar cazando por los bosques, así que decidió que cuando Zeus le encargara que matase algún animal aprovecharía todas las partes comestibles para su propia despensa y dejaría los huesos a los dioses.
Se sentía Prometeo muy satifecho con la idea, que le ahorraría trabajo, pero Zeus se sintió ofendidísimo con el agravio, y como los Dioses son muy dados a vengarse decidió castigar a los hombres robándoles el fuego. No contaba con la astucia y la rebeldía de Prometeo que ideó una serie de argucias para acabar recuperando la fuente de luz y calor.
“Así que esas tenemos- pensó Zeus –Muy bien, pues ya idearé un plan más sutil para castigarte con la ¡Iglesia has topado, chaval!” Y después de darle un par de vueltas a la cabeza encargó a Hefesto que creara una mujer mortal de belleza comparable a las diosas del Olimpo, a Afrodita que le diese clases de sensualidad, Atenea se encargó de la ropa y complementos y Hermes la aleccionó sobre el noble arte de la mentira y la seducción. Vamos, que Zeus le creó a Prometeo toda una chica Cosmo a la que llamó Pandora.
Con su voz más zalamera Zeus le dice al hombre:
-Prometeoooo, te tengo una cositaaaaa.
-Vaya Zeus, ¡que detallazo! Ya verás cuando se la presente a los demás hombres de la Tierra, ¡Van a flipar!
Y Zeus sonreía pícaro mientras pensaba “ ya verás, ya verás cuando te empiece a pedir que limpies la cabaña y que bajes la tapa”.
Prometeo se fue con su nueva compañera a fardar con los amiguetes, como haría cualquier hombre: “una joya, hombre, estoy encantado con ella, todo el día a arrumacos, me tiene en palmitas” Y su hermano verde de envidia: “Bah! Yo no la querría, fíate tu de los regalos de los Dioses…”
Pandora, que se sabía todos los “Cosmoconsejos” tenía a Prometeo encantado: Que si masajes afrodisíacos con leche de burra, que si escapaditas de fin de semana para avivar la llama de la pasión, que si cenitas a las luz de la luna para conectar sus cuerpos y sus mentes. Tal era su felicidad que Prometeo se quiso casar con ella para evitar que se le escapara tremenda joyita. Vamos, que estaba Zeus picadísimo viéndolo todo desde el Olimpo, que ningún castigo le salía bien últimamente.

El problema de la parejita, como ha pasado con todas las parejas por los siglos de los siglos (jroña que jroña) lo desencadenó la falta de comunicación. Que los hombres no se expresan, les falta fluidez, ¡tan parcos en palabras ellos! Por las mañanas, cuando se ponían tontorrones en la cama en esos amaneceres tan divinos que debía haber en la Grecia antigua, con los gilgueros cantando de fondo Pandora le solía preguntar a su amado: “Promeeeee… ¿¿En que piensas??” Y el “En nada, pichiruchi, en ti” Que ya le pudo haber dicho “pues justo ahora estaba pensando que en el segundo estante de la cocina, en un ánfora, guardo todos los males del mundo, así que mejor no la abras porque se puede liar parda” Pero no, a Prometeo se le olvidó mencionar ese pequeño detalle, se ve que debía tener la sangre acumulada en alguna parte del cuerpo ajena al cerebro y se le pasó… Y así se desencadenó el desastre.
Un día que Prometeo había ido de caza con los colegas o a ver las Olimpiadas o lo que quiera que hiciesen los antiguos griegos, Pandora, que no tenía ni tele, ni internet, ni amigas, de puro aburrimiento decidió cotillear un poco a ver que guardaba Prometeo en casa y. claro, abrió el ánfora y todos los males empezaron a escapar al momento. Zeus que debía estar a otras cosas en esos momentos, viendo la caza o las olimpiadas o lo que quiera que viesen los Dioses en sus ratos libres, reaccionó tarde y cuando se dio cuenta de la que estaba liando Pandora puso el grito en la Tierra desesperado.
-PANDORAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA! CIERRA ESA CAJA, DIGO ESA VASIJA, DIGO ESE ÁNFORAAAAAAAAAAAAA, QUE CIERRES ESOOOOO!
-A ver Zeus, que Prometeo y yo no nos guardamos secretos, que lo mío es suyo y lo suyo…
-¡QUE LA CIERRES! ¡QUE CONTIENE TODOS LOS MALES DEL MUNDO Y SE ESTÁN ESPARCIENDO!
-¡¡Ups!!
Y Pandora le hizo caso y la cerró, la cerro justo cuando lo único que permanecía en la caja era la esperanza. Luego Prometeo fue dando su versión y la historia trató muy mal a Pandora, que si la caja era suya, que si la abrió a lo loco… ¡Si fue solo un accidente! Le podía haber pasado a cualquiera….

4 comentarios:

La Perfida Canalla dijo...

jajajaja!!!
Muy bueno!
Me he reido mogollon
jajaja
Me pasare x aqui again!!
Un saludo coleguita

Quico dijo...

Chanante total! ¡me ha encantado!

Un saludo!

estonoesunblogdehistoria dijo...

Gracias, me alegro de que lo hayais disfrutado!

Larisa dijo...

... o lo que quiera que viesen los dioses en sus ratos libres... ummm... Yo digo... que Zeus estaba mirando con lascivia al menor de edad al que tenía secuestrado y trabajando como esclavo personal suyo. Ya está dicho.

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